Descripción
Es cierto que, en las últimas décadas, las neurociencias han avanzado notablemente. Pero también lo es que aún no se ha dado un paso gigantesco o, como diría Thomas Kuhn, un cambio de paradigma parecido al que significó, por ejemplo, El origen de las especies de Darwin en el siglo XIX para la biología. Ahora bien, presentimos que este paso fundamental se está acercando y cuando llegue lo hará cambiando por completo la visión que tenemos del mundo y, sobre todo, de nosotros mismos.
Temas que hasta hace muy poco han sido objeto de otras disciplinas, como la consciencia, la voluntad, el yo, etc., están ahora en manos de especialistas en neurociencias y también en otras disciplinas, y los avances que se consigan en este terreno con ese trabajo multidisciplinar van a ser espectaculares pero, como he dicho, sobre todo porque van a descubrir que opiniones que teníamos de nosotros, de los demás y del resto del mundo son equivocadas. Ante esta situación es importante que los conocimientos que hoy tenemos sean compartidos por el mayor número posible de personas. De esta manera se puede preparar el terreno para que el sobresalto ante los nuevos descubrimientos no sea tan grande y no se genere un rechazo que haga retrasar el avance científico.
Espero que este libro contribuya a ello. Que el conocimiento de las funciones mentales superiores del ser humano esté aún en mantillas es debido, muy probablemente, al hecho de que somos «dualistas naif», como algunos autores han dicho, es decir, que, estemos o no de acuerdo con Descartes en la separación de mente y cuerpo como dos entidades distintas, solemos partir de ella porque consideramos que el cerebro es un instrumento de una entidad a la que podemos llamar alma, mente, psique o simplemente «yo», pero que está al margen del funcionamiento del propio cerebro físico. Estoy convencido de que esta suposición de entrada ha contribuido al retraso en el estudio de las funciones mentales más humanas que antes mencioné.
Seguimos creyendo, aunque no lo confesemos, que es muy difícil entender cómo el pensamiento puede surgir de la actividad electroquímica de las células nerviosas, por lo que de ahí a diferenciar la mente del cerebro no hay más que un paso. Pero a esto hay que añadir nuestra tradición dualista cristiana, en la que el alma espiritual es la que gobierna el cerebro material, lo que ha supuesto toda una serie de obstáculos para haber acometido la tarea de estudiar científicamente esas funciones. Y, sin embargo, también sabemos que la misma ingesta de alcohol demuestra que las funciones mentales no son ajenas a los efectos que esta droga tiene sobre el organismo humano, por no hablar de la cantidad de fármacos que ya tenemos a disposición para tener una influencia sobre esas funciones mentales.
¿Es que esas sustancias saltan la barrera que separa el cerebro físico del «alma», del «yo» o de «la mente»? Afortunadamente, la situación está cambiando rápidamente. Temas como la consciencia, la comprensión de los demás, la supuesta libre voluntad, el propio concepto del «yo», y muchos otros, están siendo analizados desde las neurociencias y muy pronto obtendremos resultados (ya están comenzando a surgir), e irá afianzándose la convicción de que todas esas funciones son producto de la actividad cerebral, aunque aún no sepamos cómo.
Es curioso que no nos llame la atención que la digestión, por ejemplo, sea el resultado de la actividad del aparato digestivo, aunque nadie ha visto jamás «la digestión» como tal, y, sin embargo, ponemos en entredicho que los pensamientos o la mente sean el fruto de la actividad cerebral. Sé muy bien que esta postura de identificar las funciones mentales como producto de la actividad cerebral es tachada peyorativamente de «reduccionismo», como si la ciencia no lo fuese por su propia naturaleza. O ¿no es cierto que la investigación siempre se reduce a un campo determinado, lo más simple posible, para poder estudiarlo en profundidad? También se argumenta que esa postura es «materialista».
Los que afirman esto no sólo parten del dualismo, sino que acusan al otro de ser «dualista cojo», o sea, que en el planteamiento dualista de mente-cerebro se queda sólo con una parte: el cerebro. Se está comenzando a saber que la espiritualidad puede ser también el resultado de una parte del cerebro, por lo que la distinción entre espíritu y materia desaparece, al ser ambos un producto cerebral. Aunque estemos aún muy lejos de comprender el funcionamiento de un órgano como el cerebro, con miles de millones de elementos y con un número de conexiones entre ellos incluso muy superior, lo que sabemos debería ser conocido ampliamente para que sirva de preparación a lo que se avecina, como antes dije. Éste es el principal motivo de haber reunido algunas de las preguntas que todos nos hacemos sobre el cerebro y sus funciones.
El libro no pretende responder de forma exhaustiva a todas las preguntas posibles, porque no sólo sería difícil, sino que superaría con mucho su tamaño actual. Pero sería suficiente si estimulase la curiosidad del lector y le condujese a interesarse más por estos temas, consultando otros libros que ampliasen sus conocimientos. Con esto, el autor se sentiría plenamente satisfecho. Aunque sabemos que la postura dualista ha impedido durante siglos que dediquemos nuestros esfuerzos al estudio de las funciones mentales, tampoco es motivo para intentar suprimir esa forma de ver el mundo. Sería absurdo: el autor está convencido de que la visión dualista del mundo parte de alguna estructura cerebral, lo que explicaría que el dualismo aparezca en casi todas las mitologías, religiones, filosofías e ideologías. Sólo hay que pensar en la división entre el «yo» y el mundo que todos hacemos, aunque sabemos perfectamente que ese «yo» forma parte del mundo.
Aún no podemos localizar esa función cerebral que nos permite la división de nuestro entorno y nuestros pensamientos en antinomias, como tampoco sabemos qué función tiene, pero son muchos los argumentos que indican que existe un «operador binario», como dijo Eugene dAquili, y que ese operador binario está en la base de nuestro pensamiento consciente. Cierto es que podemos también tener una visión holística de la realidad, pero sospechamos que nuestra capacidad lógico-analítica, que ha permitido el desarrollo de la lógica, la matemática y la ciencia en general, tiene una base dualista, mientras que la visión holística queda reducida a determinados, y así llamados, estados alterados de consciencia. Mucho nos queda por recorrer en este tema de las funciones cerebrales, pero lo que hoy sabemos debe estar al alcance de todos aquellos que ya sospechan la importancia de los resultados que, cada vez en mayor cuantía, se van obteniendo.
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- Título: ¿Qué Sabes de tu Cerebro?
- Autor/es: Francisco J. Rubia
- Edición: 1ra Edición
- Año de publicación: 2006
- Tipo de archivo: eBook
- Idioma: eBook en Español
- ISBN-10: 8484605051
- ISBN-13: 9788484605058
- Subtema: Memoria Cognitiva | Neurología
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