Historia Mínima de Estados Unidos de América – Erika Pani – 1ra Edición

Historia Mínima de Estados Unidos de América

Por:

  • ISBN-13: 9788416354108
  • Edición: 1ra Edición
  • Subtema: Historia
  • Archivo: eBook
  • Idioma: eBook en Español

Descripción

El objetivo de la primera Historia Mínima que publicara El Colegio de México en 1973 era presentar al lector no especialista un panorama completo, sintético y riguroso del desarrollo histórico de su país, escrito de manera ágil y amena. Casi 50 años después la colección cuenta con 28 títulos, que se dirigen no sólo al lector mexicano sino a un público iberoamericano interesado en el pasado como horizonte amplio. Se han publicado historias mínimas sobre temas muy diversos —economía, constitucionalismo, esclavitud, relaciones exteriores, democracia, educación, cultura y música—, de naciones histórica y culturalmente cercanas a México —España, Cuba, Chile, Perú y Argentina— o, por el contrario, muy lejanas, como China, Corea y Japón.

Es difícil ubicar a Estados Unidos de América sobre este gráfico de distancia y coincidencia. A más de un siglo de que el “coloso del Norte” se consolidara como el poder hegemónico continental, escribir la historia de Estados Unidos desde la América que definimos como “nuestra” significa, necesariamente, hacer la crónica de la que nos es ajena. Quiere decir dar cuenta de realidades profundamente distintas a la nuestra, no obstante estar intensamente imbricadas en ellas. Desde que los de acá eran españoles y los de allá británicos construimos identidades colectivas en oposición a la de esos protestantes rústicos, esclavistas y mataindios.

Para las naciones que surgieron del resquebrajamiento de los imperios español y portugués la primera república del continente ha representado un modelo a seguir y un nuevo imperio depredador, apoyo hipócrita de tiranos locales. La economía estadounidense ha sido una fuente de capitales, de lazos comerciales, de oportunidades de negocios y de “modernidad” , y también de dependencia y expoliación. En Iberoamérica a Estados Unidos se le teme como al abusón de la cuadra, se le desprecia por encarnar el materialismo más craso y millones lo imaginan —y muchos lo viven— como la tierra prometida. Escribir una Historia Mínima de Estados Unidos presenta por lo menos dos desafíos. El primero es el que enfrentan todos los autores de esta colección: tener que reducir y compactar historias largas y complejas para contarlas en un número limitado de páginas.

El segundo atañe sólo a quien escribe este volumen, y es determinar qué necesitan saber los lectores hispanoamericanos sobre el vecino de arriba. Se trata, en última instancia, de una decisión personal y, por lo tanto, arbitraria. Me parece que este texto debe, por lo menos, explicar cómo las trece colonias que Gran Bretaña plantó sin demasiado entusiasmo en América del Norte dejaron de ser periferia para convertirse primero en la potencia hegemónica continental, después en el centro de la historia global.

Para lograr esto lo primero que tiene que hacer esta historia es desmantelar el relato providencial cuyo glorioso final estaba ya escrito desde el principio. Debe desbaratar la imagen persistente del país de la poca historia y los muchos mitos, el cuento de la sociedad que nació moderna y sin fracturas y que, al grito de “¡Libertad!” e impelida de manera irresistible por el “individualismo posesivo” se apropió hasta del nombre del continente y se convirtió en la nación más poderosa del mundo.

Dado que la mitografía que deforma la historia de Estados Unidos —lo sabemos, y lo dijo Sartre— ha sido particularmente eficiente, revisaremos de manera brevísima, al principio de cada capítulo, cómo se ha contado esta historia, las maneras en las que los historiadores han interpretado los grandes procesos que le dieron forma, a veces simplificándolos y aplanándolos. La Historia mínima de Estados Unidos de América también tiene que desagregar al que queremos ver como un actor monolítico, coherente e inmutable. Está obligada a marcar sus numerosas y a veces contradictorias transformaciones y dar cuenta de la enorme diversidad —étnica, religiosa, lingüística, cultural— de una sociedad fincada sobre lo que fue tierra de conquista, de colonización y de inmigración.

Para un país que estuvo en riesgo de escindirse al mediar el siglo XIX estas páginas también tienen que describir la construcción —y disgregación— de regiones cambiantes, permeables y traslapadas, moldeadas por procesos históricos —léase políticos, demográficos, económicos y culturales— distintos: deben, por lo tanto, dar cuenta de la construcción progresiva de un sistema colonial articulado en torno a espacios diferenciados (la bahía de Chesapeake, el espacio caribeño, Nueva Inglaterra, el sur, el Atlántico medio, el primer Oeste); del surgimiento de conceptos maestros para pensar el territorio como ocupado, vacío o de frontera; de la escisión Norte/Sur, que influyó sobre la política prácticamente desde que se fundó la nación; de la generación de una lógica de expansión territorial pautada y normada por el federalismo; de la consolidación y articulación de las regiones Costa, Golfo, Planicie y Montaña o Este, Sur, Medio Oeste, Oeste y Pacífico.

El relato tiene que ponderar cómo tanto las particularidades de Estados Unidos como el desarrollo de una historia más amplia dieron forma a su experiencia. Procurará, entonces, por un lado, recuperar la forma en la que se desarrollaron procesos históricos transnacionales y compartidos: el establecimiento del sistema imperial atlántico a partir del siglo XVI y su destrucción durante la “era de las revoluciones”; la consolidación, durante la segunda mitad de este siglo, del Estado-nación centralizado, por encima de las autonomías locales y regionales que desde las independencias habían dominado el escenario político en gran parte del continente; la industrialización que, si bien siguió las pautas de transformaciones tecnológicas y de un capitalismo que no encajonaban las fronteras, se desarrolló sobre un escenario privilegiado, dotado de una vigorosa economía comercial, un territorio rico en materias primas y un dinamismo demográfico sin parangón.

Por otro lado, esta crónica también tiene que dar cuenta de aquellos procesos que han llevado a propios y extraños a pensar que Estados Unidos es, a un tiempo, una nación excepcional y el esbozo del futuro de la humanidad, “universal e irresistible” , como lo describiría uno de sus más lúcidos observadores, el francés Alexis de Tocqueville.

Por eso prestará particular atención al desarrollo del primer experimento democrático moderno: la construcción de un orden político republicano, representativo, constitucional y federal que, a lo largo de más de 225 años, ha logrado, las más de las veces, digerir y desactivar presiones, tensiones y conflictos gracias a un poderoso imaginario nacionalista, a través de mecanismos de inclusión y exclusión —en los que las construcciones de género, pero sobre todo de raza, desempeñaron un papel destacado—, del juego de equilibrios implícito en el bipartidismo y de los “frenos y contrapesos” que supusieron la división de poderes, el antagonismo entre autoridades federales, estatales y locales y el recurso al poder Judicial como árbitro de una amplísima gama de conflictos.

El texto se detendrá también en la intersección entre la historia política y la social para describir algunos rasgos distintivos, perdurables e influyentes de la sociedad estadounidense: la constitución de una esfera pública excepcionalmente vibrante, multifacética y participativa pero no particularmente heterodoxa o contestataria, pues, como subrayara el mismo Tocqueville, al conferir a la mayoría “la autoridad tanto física como moral” ésta terminaba coartando “la independencia de pensamiento y la verdadera libertad de discusión”. Uno de los pilares de esta esfera pública ha sido el vigoroso asociacionismo de los estadounidenses, quienes, a pesar de su cacareado individualismo, “están siempre formando asociaciones […] religiosas, morales, serias, triviales, muy generales y muy limitadas, inmensamente grandes y diminutas”.

Esta sociedad, dispersa, abigarrada y conflictiva pero organizada, es el actor central de la historia que se va a contar. En el ejercicio de escribir una Historia Mínima el autor deja de lado muchas de las herramientas con las que acostumbra trabajar, y sin las cuales se siente desprotegido. Extraña sobre todo las notas a pie de página, que son las que permiten dar crédito a aquellos colegas cuya obra hace posible un trabajo de síntesis como éste. De manera quizá más trascendente, el esfuerzo por comprimir el pasado obliga a dejar fuera multitud de sucesos, procesos y personajes. Ésta no es, entonces, sino una de las muchas versiones que podrían darse del colorido, contradictorio y denso acontecer estadounidense. Esperamos, sin embargo, que el ensayo bibliográfico que se incluye al final del libro, además de dar un testimonio reducido de la deuda historiográfica contraída, permita al lector cuya curiosidad no haya quedado satisfecha construir su propia interpretación.

Índice
Agradecimientos
Introducción
I. El Nuevo Mundo: Encuentro De Tres Continentes (1492-1763)
Ii. Revolución Y Constitución (1763-1799)
Iii. La Joven República Y Su Imperio (1800-1850)
Iv. Guerra Civil Y Reconstrucción (1850-1877)
V. América Transformada (1877-1920)
Vi. De Gigante Reacio A Superpotencia (1921-1991)
Epílogo: Dos Elecciones, Varias Guerras Y Una Crisis Señor R
Ensayo Bibliográfico

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  • Título: Historia Mínima de Estados Unidos de América
  • Autor/es:
  • Edición: 1ra Edición
  • Año de publicación: 2016
  • Tipo de archivo: eBook
  • Idioma: eBook en Español
  • ISBN-13: 9788416354108
  • Subtema: Historia

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