«Me gustaría que de hoy a la próxima entrevista estuvieras muy atento a todas las ocasiones en que superas la tentación de darte un atracón y que te fijaras en cómo lo consigues.» «Os propongo un juego: que de aquí a dentro de un par de semanas, cuando nos veamos de nuevo, cada uno de vosotros escoja dos días por semana para simular esta especie de milagro que habéis descrito en la entrevista de hoy, para actuar como si el problema que os trae aquí se hubiera ya solucionado.

El cometido de cada uno es no sólo simular el milagro esos días que escoja, sino tratar de descubrir en qué días están simulándolo los demás miembros de la familia.» «Te vamos a pedir, Pablo, que cada vez que oigas a tu papá hablar mal de tu mamá cuando estés con él el fin de semana, o cuando te llame por teléfono, dibujes un corazón de colores. Cuando veas a tu mamá, le das los corazones, pero sin decirle por qué lo has hecho.» «Nos hemos dado cuenta de que es muy difícil que ahora mismo dejéis de discutir sobre esto que tanto os importa como pareja. Pero es imprescindible que este tema no invada toda vuestra vida.

Por eso os vamos a sugerir que sigáis discutiendo esta cuestión cuanto queráis, pero con una sola regla: sólo podéis discutirla dando saltos sobre vuestra cama y en ropa interior.» «Sería muy importante que en la próxima entrevista tuviéramos más información acerca de estas obsesiones tuyas. Por eso el equipo y yo vamos a proponerte que todos los días dediques un tiempo para obsesionarte lo más posible. Para ello debes poner un despertador encima de la mesa y programarlo de modo que suene a los treinta minutos. Hasta que suene, trata de obsesionarte todo cuanto puedas y escribir cada una de las obsesiones, en detalle, en una libreta. Si te quedas sin nada que escribir antes de que hayan pasado los treinta minutos, no pasa nada, pero debes seguir sentado ante la libreta hasta que el tiempo haya pasado.»

Estos extractos de casos reales recogen cinco tareas terapéuticas típicas de la terapia sistémica breve. En el primer caso, se trata de una sencilla tarea de observación centrada en las excepciones al problema (las ocasiones en que el problema se espera, pero no se produce), una tarea útil en el tratamiento de adicciones, alcoholismo o –como en el ejemplo– trastornos de la alimentación. La segunda tarea está también centrada en las soluciones, pero ya no implica sólo observar, sino asimismo actuar; además, su destinatario es toda una familia. Las tareas del tercer y cuarto ejemplo son de igual modo prescripciones conductuales, pero no intentan ampliar aspectos positivos, sino que se dirigen a perturbar una secuencia problemática.

En el caso de Pablo, un niño que sufre la mala relación entre sus padres divorciados, se incluye un aspecto metafórico (los corazones), mientras que la tarea de la pareja añade un componente de humor. En el último ejemplo, mostramos una prescripción de síntoma, una tarea paradójica que no es fácil de plantear, pero que puede tener un resultado espectacular al trabajar con obsesiones. Hablamos de «tareas terapéuticas» (o, simplemente, «tareas») para referirnos a las propuestas que un terapeuta 1 hace a sus consultantes para el tiempo entre sesiones. Como se aprecia en los ejemplos que acabamos de presentar, las tareas terapéuticas pueden ser más cognitivas o más conductuales y también tener un fuerte contenido emocional; pueden ser individuales o incluir a varias personas; directas, indirectas o paradójicas; pueden dirigirse a promover soluciones o a bloquear secuencias problema; o bien prefijar la actuación del consultante o dejar un amplio margen para que éste actúe.

Como veremos más adelante, hay, además, muchas opciones no sólo respecto a cuáles son el foco o los destinatarios de una tarea, sino también en cuanto a la manera de presentarla o al momento del proceso terapéutico en el que se proponga. Sin embargo, todas comparten la misma idea: promover que los consultantes que acuden a una terapia cambien, fuera de la sesión, 2 en el sentido deseado. Nosotros entendemos que una terapia (y, por extensión, cualquier intervención psicosocial) es bastante más que un mero formular propuestas o entregar pautas de actuación a nuestros clientes. Una buena terapia es mucho más que una suma de buenas tareas. De hecho, desde nuestro punto de vista la intervención ideal es aquella en la que el profesional ni siquiera tiene que ofrecer pautas de actuación a sus interlocutores, porque les habrá ayudado, en el transcurso de la conversación con ellos, a que ellos mismos descubran qué quieren y pueden hacer respecto de los temas que les preocupan (Beyebach, 2006b). Sin embargo, la experiencia clínica nos dice que en ocasiones una buena tarea puede paliar una mala sesión y reconducir una terapia poco productiva. Y con frecuencia las tareas para casa son el puente necesario mediante el cual el trabajo realizado a lo largo de una entrevista trasciende las paredes del despacho y se traslada en forma de cambios concretos y tangibles a la vida cotidiana de nuestros clientes.

Por lo tanto, las tareas son a menudo útiles en una terapia y, en ocasiones, imprescindibles para que resulte exitosa. Por otra parte, sería fantástico que cada tarea fuera algo desarrollado, inventado, en el transcurso de una sesión dada, que terapeutas y clientes fuéramos tan creativos como para generar ideas distintas y útiles según cada caso y cada situación. Sin embargo, es complicado ser tan creativo y serlo además de forma consistente y constante. De hecho, nuestra propia experiencia personal como terapeutas, y también como formadores y supervisores de terapeutas, es que con cierta frecuencia sucede lo contrario: llegamos al final de una entrevista sin tener una noción clara de qué proponer a la familia o a la persona con quien hemos estado trabajando, o la buena idea se nos ocurre cuando la familia ya se ha marchado.

Por este motivo empezamos a pedir a nuestros alumnos del Máster en Terapia Familiar e Intervenciones Sistémicas que a lo largo de sus dos años de formación fueran elaborando su propio «libro de tareas», es decir, una recopilación de todas las tareas terapéuticas que se utilizaran en nuestro trabajo clínico en la Universidad Pontificia de Salamanca, de las intervenciones que les presentasen los profesores invitados del Máster, de las prescripciones que encontrasen descritas en sus lecturas, en las jornadas y cursos a los que asistieran. El objetivo de este trabajo era que al final del Máster nuestros alumnos tuvieran un buen manual de referencia para consultar en los momentos de apuro, de dificultad ante un caso concreto o simplemente de falta momentánea de ideas. Para ello el «libro de tareas» debía resultar cómodo y fácil de utilizar, de manera que fuera verdaderamente útil en su futuro trabajo.

El buen resultado de este proyecto nos ha llevado finalmente a escribir estas 200 tareas en terapia breve, que en cierto sentido es un destilado de los libros de tareas que en los últimos años han ido elaborando nuestros alumnos. El texto que tiene ahora entre sus manos responde al mismo objetivo: proporcionar una «caja de herramientas» versátil y fácil de utilizar, de la que se puedan extraer en un momento dado una o varias tareas terapéuticas para un caso concreto. Entendemos este libro como un compromiso, por un lado, entre la enorme cantidad y variedad de intervenciones descritas en la extensa literatura de terapia sistémica y estratégica y, por otro, las necesidades de la práctica cotidiana. Por consiguiente, 200 tareas en terapia breve no pretende ser una revisión exhaustiva de todas las prescripciones terapéuticas posibles, ni siquiera de todas las tareas que ha generado la literatura sistémica, sino más bien una selección muy personal, en la que hemos recogido sólo aquellas tareas que utilizamos realmente como terapeutas y cuya utilidad hemos podido constatar.

Por eso incorporamos en nuestra revisión tanto tareas clásicas como opciones más innovadoras, algunas desarrolladas por nosotros mismos. En la misma línea, no nos hemos querido limitar a las tareas de filiación sistémica, estratégica o de terapia breve, sino que incorporamos también algunos procedimientos propios de la terapia cognitivo-conductual, de las terapias humanistas o de la psicología positiva. Incluimos tanto tareas utilizables en terapia individual como otras diseñadas para el trabajo con familias y parejas, sabiendo que muchas de ellas resultan también perfectamente extrapolables a la intervención con grupos. Además, nuestra experiencia como formadores y supervisores nos confirma que muchas de estas intervenciones, que inicialmente surgieron en contextos clínicos (psicoterapia individual, terapia familiar y de pareja) son también aplicables para la intervención en contextos no clínicos como la orientación escolar, la mediación o la educación en la calle.

En cuanto a la organización del texto, el primer capítulo ofrece el marco conceptual desde el que nosotros entendemos las tareas en relación con el proceso de intervención. Empezaremos revisando las posiciones teóricas que al respecto mantienen los principales modelos de terapia familiar sistémica, para pasar después a explicitar nuestra manera de entender cuál es el lugar de las tareas en una terapia. El segundo capítulo ya no se centra en los «porqués» de las tareas, sino en sus «cómos» prácticos. Nuestra intención es proporcionar algunos criterios generales sobre cómo diseñar y transmitir tareas de forma que aumenten las posibilidades de que los consultantes lleven a cabo lo que les proponemos. El capítulo se cierra con unas concisas «Instrucciones de uso» aplicables a todas las tareas que se describen en el libro. Los siguientes capítulos constituyen el grueso del texto y recogen las diversas tareas terapéuticas que hemos compilado.