El libro que usted tiene en sus manos tiene un propósito fundamental: ayudar al lector a ver el mundo de los niños desde sus propias necesidades, intereses, momento del desarrollo, y experiencias. No es una tarea fácil, ya que los adultos estamos acostumbrados desde hace siglos a ver a los niños a partir de nuestros propios intereses y experiencias. Más aún, y como se irá viendo a través de todo el libro, la mayor parte de las teorías, consejos y prácticas de crianza están más relacionadas con el mundo de los adultos que con la experiencia de los niños desde los niños.
La tarea no es fácil: no solo es muy complejo ponerse en el lugar de un niño de 2 años o de un bebé de 9 meses, sino que implica un cambio de estado mental y emocional hacia ellos. Y todos saben que no hay nada más difícil en la vida que cambiar nuestras propias concepciones, ideas, teorías y creencias. Tal como dijo Albert Einstein: ¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio. Pero por lo mismo es que trataré de ir trazando un camino hacia ese cambio de estado mental, de modo paulatino y espero didáctico, pero por sobre todo siempre teniendo en mente la mente del niño.
Partiré centrándome en lo que sabemos actualmente sobre el desarrollo infantil, de modo de que podamos ir adentrándonos de a poco en la comprensión del mundo de los niños pequeños. Les entregaré muchos datos interesantes que ahora conocemos sobre los infantes, información que nos habla de ellos desde ellos, y no necesariamente de lo que nosotros esperamos de su conducta, actitud y desarrollo. Posteriormente, iremos al pasado, a ese momento ancestral que permitió que nosotros evolucionáramos para ser lo que somos ahora. Ese pasado en el que fuimos cazadores-recolectores.
Veremos cómo era la crianza en esa época, para tratar de entender cuáles son las necesidades primarias (y primeras) de los niños, y se las comparará con su vida y crianza actual, lo que permitirá dar un panorama del grado de felicidad, bienestar y seguridad que sienten en el mundo de hoy. Después del viaje al pasado ancestral, se entregarán formas concretas y simples para poder mentalizar (algo así como empatizar) la experiencia infantil, especialmente en aquellas instancias en las cuales a los adultos más nos cuesta conectarnos con ellos: los momentos de estrés 1. Luego de aprender a mentalizar a los niños, me centraré en nosotros, los adultos, ya que se sabe que tan importante como empatizar con ellos es tener la capacidad de poder identificar qué les pasa a los adultos cuando se conectan (y desconectan) con los niños, especialmente en momentos de estrés.
