En 1980, un caballero llamado Eric Protter me pidió que escribiera cada mes un relato de misterio para una revista que él dirigía. Accedí, porque me resultaba difícil responder negativamente a las personas amables (y todos los directores que he conocido han sido siempre personas amables).
El primer relato que escribí era una narración en la que se combinaban elementos de fantasía y de misterio, protagonizada por un pequeño demonio de unos dos centímetros de estatura. Lo titulé « El desquite» , y Eric Protter lo aceptó y lo publicó. Intervenían en él un caballero llamado Griswold, como narrador, y tres hombres entre los que se contaba un personaje que hablaba en primera persona y que era yo, aunque nunca me identificaba que formaban su auditorio. Los cuatro se reunían todas las semanas en el « Union Club» , y tenía la intención de que la serie continuase presentando los relatos de Griswold en el « Union Club».
No obstante, cuando traté de escribir un segundo relato en el que intervenían el pequeño demonio de « El desquite» el nuevo relato se titulaba « Una noche de canto» , Eric lo rechazó. Al parecer, un poco de fantasía estaba bien por una vez, pero no quería que lo tomara por costumbre.
