H Introducción ace 22 años, me visitó un amigo que había pasado tres en la India, y me trajo unas fotocopias que rápidamente captaron mi atención: en solo tres folios había resumidos unos 40 ejercicios para ayudar individualmente o en grupo a despertar a la interioridad y acompañar hacia el silencio interior. El autor era un jesuita indio a la sazón desconocido para mí, Tony de Mello, quien años más tarde se convertiría en una de las personas que más influiría en mi vida y que más me ayudaría a través de su testimonio personal, su aprecio y su enseñanza. Lo curioso del caso es que aquel amigo había guardado aquellas fotocopias más de seis o siete años, desde su vuelta de la India, sin habérmelas mostrado.
Y justo al día siguiente de hacerlo, me llegó una propuesta de una editorial pidiéndome que tradujese el original inglés de esos mismos ejercicios, ahora ya más ampliados y configurados en forma de libro.1 Se hizo la traducción y el libro gozó de una notable acogida. Unos años más tarde, la vida me llevó a conducir sesiones de grupo para ayudar a descubrir el Silencio interior. Y en esto ha consistido, con más o menos intensidad, una parte importante de mi trabajo hasta el día de hoy, compaginado con grupos de crecimiento personal (en que se contemplan por igual la vertiente psicológica y corporal) y la terapia individual.
Precisamente a partir de la práctica terapéutica pensé que el poner por escrito este camino de iniciación a la meditación, tal como lo he ido practicando con grupos, podría ayudar, no tanto a las personas ya iniciadas en el camino de la meditación o que practican asiduamente alguna forma de oración a partir de su creencia religiosa, sino sobre todo a aquellas que oyen hablar del tema y desean entrar vivencialmente en él, pero no encuentran a nadie que les ayude en esta exploración. No son raras las personas que me han manifestado esta inquietud en algún momento de mi práctica profesional como psicólogo. Si esta decisión ha sido acertada o no, me lo mostrará la misma vida. Los que conocen la obra de Tony de Mello percibirán inmediatamente cómo me he aprovechado de su sabiduría, además de la de otros maestros, entre los cuales ocupa un lugar destacado el padre Estanislau M.ª Llopart, ermitaño benedictino de Montserrat, que me inició en este camino.
En principio, amigo lector, permíteme que te dé alguna pauta para que este libro te resulte de mayor provecho: puedes comenzar haciendo una lectura seguida del libro, a partir de la cual decidir si simplemente aprovechas algún aspecto que pueda servirte de ayuda en tu propio camino de interioridad, o si sigues los ejercicios tal como están presentados. En este caso, te recomendaría que los siguieses en el orden en que los encuentres, y que practiques cada ejercicio unas cuantas veces, por ejemplo durante una semana, antes de pasar al siguiente. Pronto constatarás que algunos te resultan más agradables o fáciles que otros: hay personas que tienen más facilidad para visualizar que para sentir, y otras, porque son más auditivas, se sienten muy cómodas repitiendo interiormente una palabra o frase y, en cambio, les cuesta más ayudarse a través de imágenes internas. Aquí encontrarás una doble opción: o bien seguir los ejercicios que espontáneamente te resulten más fáciles, o bien intentar también los otros, y así ejercitar lo que no te resulta tan fácil y enriquecer tus capacidades interiores.
Yo te recomendaría que lo probases todo, sin descartar ningún ejercicio de entrada, y que con el tiempo vayas quedándote con aquellas prácticas que notes que te facilitan más el salto interior al Silencio. Los ejercicios que propongo quieren ser ayudas más que vínculos. Todos son relativos y, por tanto, opcionales. Todos son medios y no fines: el único fin es la plenitud del Silencio (por decirlo de alguna manera), y «Eso» trasciende cualquier medio. Sé, pues, lo bastante flexible como para compaginar el plan que te propongo con tu propia sabiduría interior, a la cual apelo en última instancia y en la cual confío plenamente. Si optas por comenzar a practicar los ejercicios sin haberte leído antes el libro completo, te recomendaría que, como mínimo, leyeses los capítulos finales «Reflexiones que pueden ayudar», de género más directamente temático que los ejercicios, porque pueden así serte útiles desde el principio. La experiencia me ha mostrado la riqueza de practicar el silencio en grupo, pues se crea una atmósfera especial que ayuda intensamente a todos, pero en particular a aquellos que comienzan y que experimentan más dificultad en practicar solos.
Quizás lo hayas vivido ya. Si no, te invito a probarlo. De hecho, los ejercicios tal como te los presento reflejan mi propia práctica grupal. A través de las diferentes tradiciones espirituales, he constatado que si bien existen diferencias en lo que respecta al lenguaje y, en general, a los medios que pretenden conducirnos hacia los últimos niveles de realización de la persona, cuando se refieren a estos medios coinciden en señalar la pobreza de las palabras y se mueven más cómodas en una teología «apofática» o negativa: resulta más fácil hablar de lo que el Absoluto no es que de lo que es. Y cuando hablan de Él en cuanto Ser, lo hacen refiriéndose al Ser de todo, sin que nada quede excluido. Y aún resulta más apropiado ni siquiera mencionarlo porque Él trasciende todo concepto y expresión verbal.
En este sentido, he intentado que estos ejercicios fuesen básicamente existenciales, de tal manera que cada persona pueda hacerlos compatibles con sus propias creencias y opciones religiosas, siendo respecto a ellas más un complemento que un sustituto. Si en algún momento lees alguna afirmación que no te resulte cómoda, preferiría que no perdieras tiempo discutiéndola interiormente, sino que te quedaras tranquilamente con tu punto de vista y continuaras tu propia búsqueda interior, aprovechando de los ejercicios lo que te resulte asumible desde tus creencias. Permíteme, no obstante, remarcar que el último despertar siempre trasciende los conceptos mentales y que no en vano los místicos hablan de las noches interiores para referirse a las fases del camino en que ya no es posible aferrarse a ninguna experiencia sensible ni a ningún concepto o creencia, para encontrar seguridad en ellos, y uno se ve impelido a saltar hacia un gran Vacío liberador en el que los límites entre el yo del individuo y el Tú del Absoluto se difuminan en una no-dualidad que lo abraza todo, a la vez que respeta la identidad de cada individuo y criatura. Con esto quiero decirte que si te implicas a la hora de seguir estos ejercicios, creo que te aprovechará más si lo haces desde un corazón sencillo y abierto y no desde una mente excesivamente analítica que pretenda objetivarlo todo.
