Hace unos diez años, durante un seminario que estaba impartiendo sobre un tema francamente apreciado por mí, la autoayuda estratégica o como me gusta definirlo de forma más rigurosa «el autoengaño estratégico» descubrí que estaba proponiendo un enfoque de coaching. Todo esto puede parecer ridículo, pero en realidad los hechos se desarrollaron así. En otras palabras, nunca me había interesado en esta práctica profesional conocida como «coaching» en los Estados Unidos. La definición, tomada del ámbito deportivo, hace referencia a la actividad en la cual un experto guía al atleta, en el caso del deporte, a expresar su mejor talento haciéndole superar bloqueos emocionales, dificultades de aprendizaje, temores o simplemente enseñándole técnicas evolucionadas.
Al tratar yo de autoengaño estratégico como forma de autoayuda (es decir, una autoayuda que la persona puede utilizar para superar dificultades personales cuando éstas no incapacitan del todo o para mejorar sus prestaciones para alcanzar objetivos preestablecidos), desde el momento en que recurría a una serie de técnicas que se derivaban tanto de la experiencia en terapia de las formas más graves de patología psicológica, como de las de consulta de problem-solving con ejecutivos que deseaban incrementar su rendimiento, evidentemente estaba utilizando algo definido como «coaching».
En efecto, durante una de las pausas, uno de los participantes en el seminario se me acercó y me dijo que estaba contento al observar que me estaba dedicando también a la formulación de un modelo de coaching estratégico. Fue así como, descubierto este nuevo ámbito de aplicación, desarrollé la idea de formular un auténtico modelo riguroso que permitiese transferir a este sector de aplicación toda la experiencia acumulada en el trabajo con situaciones mucho más resistentes al cambio. Desde entonces, en nuestros cursos de comunicación y problem-solving estratégico, hemos incluido una parte de trabajo directamente orientada a mejorar las prestaciones de las personas y a hacer emerger sus talentos escondidos. Esto ha producido toda una serie de demandas de intervención de coaching estratégico.
Roberta Milanese y Paolo Mordazzi han sido mis dos estrechos colaboradores en este recorrido. Ambos, ya investigadores asociados de nuestro Centro y docentes de la Escuela de Especialización en Psicoterapia Breve Estratégica, eran las personas más idóneas para observar y sistematizar todo lo que se estaba desarrollando. Este libro es el fruto de su trabajo y del constante cotejo que hemos tenido sobre estos temas hasta llegar a la puesta a punto de un auténtico modelo de coaching estratégico
