Si necesaria fuese imparcialidad para escribir un prólogo, habría de declararme incapacitado para redactar éste. No soy imparcial, por el gran afecto que profeso al autor del libro. Hace más de un cuarto de siglo que Arturo Díaz Bravo comenzó a colaborar en mi bufete; poco después, pensé que también sería valioso auxiliar en mi curso de la Facultad de Derecho, y fue mi adjunto en derecho mercantil. No tardó en quedar al frente de un grupo; siguió con constante vocación y, posteriormente, fue profesor de Contratos mercantiles; de aquí uno de los gérmenes de este libro: la docencia. El otro: su actividad profesional, en una empresa estatal y como asesor de seguros y de reaseguros. Paralelamente fue subdirector de Propiedad Industrial y más tarde mi asesor en Inversiones Extranjeras. ¡Rica y variada experiencia! Se cumplió así la admonición de Vivante: no emprender nunca una investigación jurídica sin conocer a fondo la estructura técnica y la función económica de la institución objeto del estudio.

La experiencia de la viva realidad jurídica y preparación para la docencia dieron a Díaz Bravo un profundo conocimiento de la función económica de muchos contratos y de la estructura técnica de los más complejos (el seguro y el reaseguro), y la vertió, primero en la cátedra, y ahora en este libro. Confieso que al recibir sus páginas mecanografiadas y examinar su contenido se suscitó en mí un tanto de envidia: más de una vez he pensado en continuar mis publicaciones con el estudio del tema que ahora aborda Díaz Bravo; encontraba un vacío en la bibliografía mercantilista, dado el carácter deliberadamente sucinto del Curso de Joaquín Rodríguez, y pensé en colmarlo con un trabajo, en el nivel de tratado, sobre la contratación mercantil.

Arturo me ganó la mano. Y bien ganada. Su obra —fácilmente podrá apreciarlo el lector— abarca casi exhaustivamente el campo: incluye contratos poco estudiados, creaciones recientes de la práctica de los negocios. Por ejemplo: contratos de concesión, de transferencia de tecnología, etc. Se analizan con base en los documentos mismos —como quiere Vivante, que nos dice haber examinado cientos de contratos de colectivas y comanditas— y, además, con sistemático apoyo doctrinal: la bibliografía de los países con sistemas jurídicos similares al nuestro (Argentina, España, Francia, Italia) es bien conocida por Díaz Bravo, que cuando el caso lo amerita, recurre también a la anglosajona; así lo muestra en las oportunas citas, nunca innecesariamente abrumadoras, que se encuentran a lo largo de la obra, también apoyada, como es obvio, en la doctrina mexicana, ya sea para seguirla o ya sea para contradecirla (de esto es víctima alguna opinión mía).

El aparato bibliográfico no se limita a las obras generales, sino que incluye, cuando es menester, obras monográfícas. Una discordancia: no aplaudo, aunque empleado por distinguidos juristas, el sistema de citas, con proscripción de notas marginales, que emplea el autor.* Es frecuente en los escritores mexicanos cierto tácito menosprecio por la jurisprudencia: no incurre en ello esta obra, en la que acertadamente se la invoca, y se analiza siempre que es procedente. Todo ello, y el buen criterio de Arturo Díaz Bravo (que tan útil ha sido para mí en las múltiples ocasiones en que he solicitado su opinión al realizar mis trabajos profesionales o académicos), aunado a un estilo directo y conciso, de fácil lectura, conspiran al resultado: un libro que será de gran utilidad para los estudiantes, de enorme provecho para los profesionales y de estímulo para futuras obras. Compruébalo, lector, adentrándote en sus páginas.