Descripción
Pretendo seguir haciendo dogmática de la ley argentina sin preocuparme por la trascendencia de la obra en otras latitudes; posiblemente sea esta preocupación la que esté llenando de tensiones a un sector demasiado importante de nuestros publicistas. Pero también me parece absurdo enrocarme en una exposición tradicional que obvie la consideración de la ciencia penal de los últimos tiempos, en su totalidad, o en sus formulaciones más duramente críticas o más espectacularmente futuristas. Al tenerlas en cuenta he debido ceder terreno en la tendencia a expurgar mis trabajos de interpolaciones culturales demasiado cargadas de sentidos jurídicos extraños a los nuestros, pero en todo caso he procurado señalarlas lo más nítidamente posible.
Es por eso que me ha parecido conveniente dividir la exposición en dos textos distintos: uno que intenta ser accesible aún a quien acuda a su lectura con preocupación de alumno; otro más bien destinado a quien ya conozca la materia, con distinta especie de información y con mayor dosis de debate. Pienso que ello puede permitir el empleo del trabajo en la tarea docente, quedando a cargo del profesor recomendar o no la lectura del último a sus estudiantes (el índice alfabético que se incluye ha tenido en cuenta esta finalidad, volcando en él las nomenclaturas de los programas).
El grueso de la información que proporcionó proviene de trabajos escritos originalmente en nuestra lengua; salvo en muy pocos lugares, las excepciones refieren a publicaciones extranjeras de las que no he podido prescindir por la asiduidad de las remisiones de aquellos. Me parece que el actual despliegue de la doctrina penal de habla castellana, con el voluminoso aporte argentino y español y de otros países hispanoparlantes (como ocurre con Colombia, de tan intensa actividad editorial) tiene que hacernos recapacitar sobre nuestra tendencia a acudir al libro extranjero, que nos ha dejado de ser indispensable, al menos en la medida en que pudo serlo antes. Aunque ello me atraiga la imputación de participar de un provincialismo infértil, confieso que esta actitud ha sido bastante meditada por mi parte.
Nos guste o no, el derecho y su doctrina deben todo a la alquimia de la palabra; la claridad de las conceptualizaciones de esta y, como consecuencia, la certeza en la aplicación de aquel, depende de la mayor certidumbre que se pueda alcanzar sobre los contenidos de los vocablos. Pretender elaborar dogmática sobre disposiciones redactadas en castellano, empleando la terminología arrancada de una doctrina construida en otra lengua, es bastante peligroso. Aun cuando se trate de idiomas que muchos de nosotros hemos escuchado desde la cuna, la pretensión de trasladar al nuestro de cada día su terminología jurídica, difícilmente se vea coronada con el éxito de expresar todos los matices del sentido que ella carga; más de una vez se nos han presentado como axiomas indiscutidos lo que no pasa de ser una inexacta traducción.
El frecuentador de la doctrina penal advertirá de inmediato cómo, sin dejar de plantear mis ideas, he intentado apartarme de la disputa que se asume con crueldad, de querella religiosa y que parece haberse hecho carne entre nosotros, ya que casi siempre nos hace olvidar el verdadero destino de aquella y muchas veces nos baja al infierno de aplicar la mente «a la simétrica porfía… que entreteje naderías», en el decir del poeta. Y porque para quien, además de pasarse varios años enseñando, se ha pasado otros muchos decidiendo conflictos de vida, no resulta agradable elevar complicados andamios para parar un huevo cuando puede hacerlo con un simple golpe.
He aprendido con los hombres de mi generación lo que antes aprendieron los de las anteriores: que a cierta altura del camino no deja de pesar una cuota de cansancio y hastío, difícil de superar sin cierta ayuda. He tenido la suerte de recibirla; vaya, pues, mi agradecimiento fervoroso para quienes a lo mejor sin saberlo me la prestan todos los días, algunos de los cuales han tomado a su cargo completar parte de los textos cuando mi paciencia se estaba agotando.
Al encarar esta tercera edición he debido restringirme a la mera información de los últimos movimientos de la doctrina penal, sin entrar en su debate; hacerlo hubiese acarreado como consecuencia una extensión desmesurada del texto, haciendo perder su carácter y desconociendo las finalidades que guiaron inicialmente su confección. Ello también me obligó a limitar la mención de nuevos aportes bibliográficos al mínimo que consideré indispensable para que el lector pueda ampliar aquellas escuetas noticias.
1. Introducción
2. Evolución del derecho penal
3. Teoría de la ley penal
- Fuentes del derecho penal
- La ley penal y sus particularidades
- Interpretación de la ley penal
- Ámbito de validez de la ley penal
4. Teoría del delito
- Introducción
- Teoría positiva del delito y de la pena
- Teoría negativa del delito y de la pena
- Participación e "iter criminis"
5. Teoría de la sanación
- Introducción
- El sistema sancionatorio en el derecho penal argentino
- Individualización de la pena
- Consecuencias accesorias de la condena y reparación del año producto por el delito
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- Título: Derecho Penal: Parte General
- Autor/es: Carlos Creus
- Edición: 3ra Edición
- Año de publicación: 1992
- Tipo de archivo: eBook
- Idioma: eBook en Español
- ISBN-10: 9505082479
- Subtema: Derecho Penal
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