Este libro de Dilthey era y no era inédito hasta que en 1949 lo publicó Hans-Georg Gadamer en Fráncfort. Como apuntes para la clase o vademecum lo conocieron, hasta la sexta edición, los que siguieron sus cursos de historia de la filosofía en la Universidad de Berlín. El editor alemán se ha ceñido honradamente a su literalidad, intercalando no más en el texto algunas indicaciones expresas de divisiones y subdivisiones que ya estaban tácitamente en él, facilitando así el manejo de un libro tan apretadamente conciso y luminosamente ordenador.
Para nosotros, que en un apéndice a la Introducción a las ciencias del espíritu, decíamos: Es lamentable que no se haya publicado [su Compendio de historia universal de la filosofía], porque, por encima de todo, habría de tener ese interés extraordinario que ofrecen las historias de la filosofía redactadas, como en el caso de Hegel, por filósofos creadores: se halla iluminada por una luz cenital, la publicación de estos apuntes representa el inesperado cumplimiento de un deseo que, después de nuestro largo trato con el pensamiento de Dilthey, no era la expresión de ningún culto idolátrico.
En ese mismo apéndice apuntábamos algunos de los problemas importantes de interpretación que nos ayudarían a resolver, pero, en esta ocasión, no creemos oportuno referirnos a ellos. Lo que sí importa subrayar es que este compendio constituye una corroboración espléndida de lo que, en contra de tantos, hemos afirmado machaconamente y tratado de demostrar (en mi Pensamiento de Dilthey: evolución y sistema): que Dilthey, a pesar de las abrumadoras apariencias las de tantos y tantos volúmenes prolijos y tantísimos bocetos y ensayos hechos, rehechos y contrahechos era una mente preclaramente ordenada y ordenadora. Si para muestra basta un botón, este el Compendio ofrece la condición extraordinaria de ser un auténtico broche de oro.
Y paso por encima de la manida cursilería de la frase porque, en nuestro caso, cobra el valor de una definición escueta. Un panorama de precisión cartográfica de toda la historia de la filosofía, en el que, en no más de 250 páginas, se ha filtrado gota a gota y como alquitarado todo el trabajo de una larga y laboriosa vida y los hallazgos de una prodigiosa imaginación histórica, bien creo que puede limpiar esta vez esa frase de su archisecular trivialidad. La historia evolutiva de esta Historia universal de la filosofía explica las excelencias propias del libro, que lo distinguen con ventaja de todos los manuales o compendios de títulos parecidos.
Y no nos referimos tanto a las excelencias más de bulto, a la precisión escueta de sus datos históricos y a las cernidas referencias bibliográficas, sino a su despliegue luminoso de las vicisitudes del pensamiento filosófico dentro de la conexión universal de la marcha del espíritu humano. Es decir, que si la trabazón especial que representa la filosofía en marcha se puede gobernar autónomamente por el criterio de los tres tipos de concepción del mundo, tampoco se puede descuidar su entronque con la conciencia metafísica y sus motivos fundamentales.
