No hace mucho tiempo vi en la televisión una entrevista con Edward Fredkin, especialista en ingeniería electrónica y gerente del Laboratorio de inteligencia-artificial/" class="es-tm-autolink">Inteligencia Artificial del MIT. Fredkin es un hombre serio de modales graves y severos. Lo que dijo fue sorprendente1 2. H ay tres grandes acontecim ientos en la historia. U n o , la creación del u n iverso. O tro , la aparición de la vida. El tercero, que creo de igual im portancia, es la aparición de la inteligencia artificial. É sta es una form a de vida m uy d iferente, y tiene posibilidades de crecim iento intelectual difíciles de im aginar. Estas m áquinas evolucionarán: algunos com putadores inteligentes diseñarán otros, y sé harán más y más listos.
La cuestión es dónde quedam os nosotros. Es bastante com plicado im aginar u n a m áquina m illones de veces m ás lista que la persona más lista y que, sin em bargo, siga siendo nuestra esclava y haga lo que queram os. Puede que condesciendan a hablarnos, puede que jueguen a cosas que nos gusten, puede que nos tengan de m ascotas. ¿Ha desaprovechado el profesor Fredkin una vocación de escritor de ciencia-ficción?, ¿o es ésta una visión realista del futuro, una predicción serena de un hombre mejor situado que la mayoría para entender las implicaciones del curso actual de la investigación en IA? ¿Es verdaderamente una posibilidad tecnológica que haya computadores que piensen?
Es más, ¿tiene siquiera sentido hablar de una máquina pensante, o es un absurdo conceptual como un electrón sonriente o un soltero casado? Para quien tenga curiosidad filosófica, las palabras de Fredkin despiertan un tumulto de preguntas intrigantes. ¿Es el pensamiento un fenómeno biológico y, por lo tanto, tan lejos del alcance de una máquina de silicio y metal como la fotosíntesis, la lactancia, o cualquier otro proceso dependiente de la biología? ¿O se parece más el pensamiento a volar, algo que pueden hacer los seres vivos y los artefactos metálicos? ¿Puede un computador mostrar más inteligencia que los humanos que lo programan? ¿Podría un computador actuar por voluntad propia? ¿Sería posible un computador consciente? Y la pregunta más intrigante de todas: ¿es concebible que las investigaciones de la psicología y la neurofisiología demuestren que somos computadores blandos y sua ves? Éstos son algunos de los asuntos de que se ocupa este libro. Espero que disfruten ustedes explorándolos conmigo.
