Ya han pasado treinta años desde la primera edición de este libro. La inmunología veterinaria ha cambiado en gran medida desde la década de los setenta, en la que apareció por primera vez esta disciplina, con la aplicación de las técnicas de biología molecular a los sistemas inmunitarios de los animales domésticos.
En los años posteriores, se han añadido numerosos detalles a nuestro conocimiento de los procesos inmunológicos básicos. Muchas de las principales cuestiones de aquella década inicial han obtenido respuesta. Gran parte de lo que aún está por hacer corresponde a la clarificación detallada de vías y mecanismos ya conocidos, pero sólo a grandes rasgos. Sin embargo, todavía quedan muchas lagunas por investigar. Por ejemplo, aún se sabe muy poco de las diferencias interespecíficas y de por qué el sistema inmunitario funciona de distinto modo en las diferentes especies. La mayoría de los inmunólogos continúan estudiando los sistemas inmunitarios del ratón o del ser humano. Incluso los veterinarios parecen satisfechos con centrarse exclusivamente en las principales especies de animales domésticos. Resulta sorprendente lo poco que se sabe sobre el sistema inmunitario de la mayoría de los mamíferos no domésticos.
Las revoluciones experimentadas en genómica y en biología molecular han supuesto un gran avance, del que destaca una filogenia de los mamíferos ampliamente aceptada, lo que ha proporcionado una comprensión más clara de las relaciones evolutivas entre los principales grupos de mamíferos. Incluso las relaciones menos obvias, como la existente entre los cetáceos (ballenas y delfines) y los artiodáctilos (bóvidos) se han establecido con firmeza. A pesar de esto, la inmunología de los mamíferos aún adolece de una falta de carácter auténticamente comparativo. Desde la primera edición de este libro me ha preocupado la falta de patrones discernibles en la estructura y la función del sistema inmunitario entre las distintas especies de mamíferos. ¿Por qué algunas especies tienen macrófagos intravasculares pulmonares y otras no? ¿Por qué algunas especies se basan en la microflora intestinal para el desarrollo de los linfocitos B y otras no? Tengo firmes sospechas de que en la estructura y la función de los sistemas inmunes de los mamíferos hay patrones ocultos que todavía están por identificar.
Si se consideran los desafíos inmunológicos a los que se ven expuestos los herbívoros y los carnívoros, estos últimos tienen una mayor probabilidad de verse expuestos a los patógenos de mamíferos al comer presas muertas o moribundas. Es indudable que esto debe haber afectado la evolución de sus sistemas inmunitarios.
