Supongo que, para empezar, será mejor que me presente, aunque esto sea a todas luces innecesarias. Precisamente el hecho de que la revista ostente mi nombre como título se apoya en la suposición de que todo el mundo lo conoce y en el de que, extasiado ante el mismo, la gente se apresurará a comprar un ejemplar. Bien, en el caso de que así no sea, me llamo Isaac Asimov.

Paso un poco de los treinta años y llevo escribiendo relatos de ciencia ficción desde el año 1938. (Si los cálculos no salen, es que el lector no está familiarizado con las matemáticas de grado superior). He publicado unos cuarenta libros de ficción, en su mayoría de ciencia-ficción, y otros ciento cuarenta reales, en su mayoría relativos a las ciencias. Por otra parte, soy licenciado en química por la universidad de Columbia (Nueva York), y soy profesor asociado de bioquímica en la facultad de medicina de la universidad de Boston.

Más no sigo con esta letanía, porque (como es bien sabido) soy muy modesto y la persona menos involucrada con esta revista. Joel Davis, el editor, es mucho más importante que yo. Su compañía, Davis Publications, Inc., edita más de treinta revistas, entre las que se incluyen algunas de gran éxito como Ellery Queen’s Mystery Magazine. También edita la Alfred Hitchcock‘s Mystery Magazine. Con esas dos revistas en la empresa, ante los ojos de Joel se elevaron visiones de un imperio, y le pareció que debía poseer una revista de ciencia-ficción, como hermana de aquellas.

Sin embargo, para conservar la simetría, necesitaba un nombre como título y al momento pensó en mí. Nada raro; Joel está muy familiarizado conmigo porque en los últimos años he vendido docenas de relatos cortos a Ellery Queen‘s Mystery Magazine, a menudo me ha visto conversando amistosamente con Eleonor Sullivan y Constance DiRienzo, las hechiceras jóvenes que se ocupan de la oficina relativa a la citada revista.