A principios de 1975, y por un período de seis semanas, la ciudad de Nueva York fue la sede, no de una, sino de tres convenciones de la «Star Trek». A cada una asistieron miles de seguidores, gran cantidad de los cuales estuvieron en las tres, total o parcialmente. Yo asistí a las tres, y no pude por menos de pensar en la primera convención de ciencia-ficción, que fue ya algo más que una mera asamblea de los miembros del club local.

Tuvo lugar en 1939, y se debió a la idea de un gran entusiasta de la ciencia-ficción: Sam Moskowitz. Los seguidores de toda la nación se carteaban ya, pero según Sam esto no era suficiente. ¿Por qué no conseguir una asamblea mundial, donde se reuniesen todos los fanáticos de la ciencia-ficción, y se contemplasen mutuamente con ojos desmesuradamente abiertos por el asombro? Sam, con firme decisión, contando apenas veinte años, convirtió su idea en realidad.

El 2 de julio de 1939, yo fui uno de los que acudieron a la Primera Convención Mundial de Ciencia-Ficción en una sala de la Calle 59, entre las avenidas Park y Madison. Y no es que fuese simplemente un aficionado. Ya había publicado dos relatos en Amazing Stories; y mi tercera publicación, Trends, apareció en julio de 1939, en la revista Astounding Science-Fiction, que en el momento de la convención estaba ya en los quioscos.

Asistí en calidad de profesional. El hecho de que yo fuese un profesional, no obstante, no me prestó la sensación de auto posesión, tal como me había ocurrido tres semanas antes con mi graduación en el Colegio. Lo cierto es que yo todavía era un adolescente e increíblemente anti sofisticado