Uno de los juegos favoritos de todos aquellos que se interesan por la ciencia-ficción: escritores, editores, aficionados, lectores, es definir exactamente la ciencia-ficción. ¿Qué diablos es? ¿En qué se diferencia de la fantasía y de literatura/" class="es-tm-autolink">la literatura en general? Probablemente, existen tantas definiciones como definidores, y las primeras van desde los exclusivistas extremados, que desean que la ciencia-ficción sea pura y firme, a los inclusivistas superextremados que desean que la ciencia-ficción lo abarque todo.
A continuación va una definición extremadamente exclusivista de mi coleto: «La ciencia-ficción se ocupa de los científicos que fabrican la ciencia del futuro.» Ahora una definición extremadamente inclusivista de John Campbell: «Los relatos de ciencia-ficción son lo que compran los editores de ciencia ficción.» Veamos otra definición moderada (también mía): «La ciencia-ficción es la rama de la literatura que se ocupa de las respuestas humanas a los cambios efectuados al nivel de la ciencia y la tecnología.»
Esto deja en el aire si tales cambios son adelantos o retrocesos, y si con el acento de las «respuestas humanas» es preciso hacer algo más que referirse contemplativamente y sin entrar en detalles a esos cambios. Para algunos autores, en efecto, la necesidad de discutir de ciencia parece tan mínima que incluso se oponen al uso de la palabra en el nombre del género.
