Los ensayos recogidos en este volumen se refieren a las ideas generales encontradas en mi actividad de arquitecto y de historiador de la arquitectura: la «ciudad», la «ciudad antigua», la «ciudad moderna», la «arquitectura», la «arquitectura moderna», la «conservación» de la ciudad antigua. De vez en cuando es necesario intentar definir estas nociones, colocarlas entre los datos del mundo moderno, en la forma concisa que es propia de un texto breve.

Puestas juntas y por orden de temas, forman un mapa de los problemas de la arquitectura, todos ellos estudiados en la arquitectura. Se ven que trabajan en el escritorio o en la mesa de dibujo.

Este mapa tiene la forma de un triángulo: en un vértice está el arquitecto, con su afán de ver la ciudad a la manera de un todo y una proyección unitaria del ambiente físico donde se enfrentan la voluntad de todos los demás. En el segundo vértice se coloca la «conservación» y en el tercero la «arquitectura moderna». Pero en realidad se trata de un solo proceso o de un solo método que, en la realidad, no es otra cosa que una forma de reflexión metodológica que se ensaya con un razonamiento. Hasta se podría argumentar que las tensiones mentales en cálculos estructurales, y la composición, se ven en la técnica moderna todavía insuficientes para sostener y se transforman en una estrategia.

Un acercamiento tan anticuado —«universal» y no especializado— se mantiene insustituible por la ortodoxia y es la herencia preciosa de los maestros de la arquitectura moderna que han trabajado desde la primera posguerra hasta hoy. Nadie puede estar seguro de que este método funcional dormido no presente cada vez mayores y más rápidamente cambiantes problemas, casi revoluciones. Pero no tenemos otro, y los críticos que declaran terminada la edad de la arquitectura moderna sólo nos proponen, hasta ahora, el retorno a los límites tradicionales del «arte de construir», dejando las preocupaciones sobre el desarrollo de la ciudad y del territorio a cargo de otros «especialistas».