Descripción
En la segunda mitad del pasado siglo XX, las ciencias médicas experimentaron avances superiores a todos los que habían tenido lugar en ese campo en los dos milenios anteriores. Y ese desarrollo continúa, de manera cada vez más acelerada: en los comienzos del tercer milenio, se avizoran perspectivas impresionantes para ellas. Se ha dicho que la medicina ha llegado a un punto en que es capaz de cambiar la historia de la humanidad. Por ello, en la medida que se incrementan los conocimientos científicos y aumenta el poderío técnico de que disponemos los profesionales de la salud, nuestras responsabilidades crecen de manera proporcional a este incremento, porque esas grandes posibilidades que se abren ante nosotros tienen también su lado oscuro.
Es de primordial importancia, por tanto, que el médico del siglo XXI se forme no solo con un adecuado dominio de la ciencia y la técnica, sino también con una elevada moral profesional y social que le permita identificar sus deberes para con el individuo enfermo y para con la sociedad en su conjunto. El laboratorio clínico, como rama de las ciencias médicas especializada fundamentalmente en el diagnóstico, no es ajeno a estos fenómenos y resume, hoy en día, todo lo asimilado en la evolución del diagnóstico médico. Es fruto de la inteligencia y del esfuerzo del hombre, que se fue adentrando cada vez más en la bioquímica del cuerpo humano, y no se conformó solo con describir lo variado. Los hitos más recientes e importantes a lo largo de ese camino, han sido la introducción de la mecanización, la automatización, la computación y la robótica. Sin embargo (y quizás como consecuencia de ello), el profesional del laboratorio clínico ha mostrado siempre una marcada tendencia a prestar su atención, en especial, a los aspectos técnicos de esta especialidad (cuya importancia es evidente).
Pero ha descuidado, en la mayoría de los casos, aspectos de vital importancia como la comunicación y la interacción con los pacientes y con los médicos de asistencia, lo cual ha repercutido siempre, de manera desfavorable, sobre la calidad de las investigaciones. Superar esta situación representa un reto para nuestros especialistas jóvenes, para los médicos recién graduados que se forman como futuros especialistas y para los estudiantes de medicina que comienzan a interesarse por el laboratorio clínico. Enfrentar ese reto les permitirá mejorar la calidad del servicio y elevar el papel del profesional del laboratorio en la docencia médica, en la asistencia y en la investigación, así como colaborar de manera eficaz en la tarea impostergable de transformar los modernos modelos de deshumanizada eficiencia, que culturas ajenas a la nuestra nos ofrecen como paradigma, para que el tratamiento integral y el cuidado eficaz vuelvan a colocar al enfermo en el centro de nuestra mira.
Este texto, escrito por un grupo de especialistas cubanos, tiene como objetivo guiar a los alumnos de las facultades de Medicina del Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana, en sus primeros pasos, en la más importante de las especialidades diagnósticas, y representa un modesto aporte a la formación de los médicos de la primera mitad del siglo XXI. Es nuestro deseo que los alumnos encuentren en estas páginas, las respuestas a sus inquietudes iniciales; que aquellos que en un futuro decidan dedicarse a la práctica del laboratorio clínico, tengan una guía para su preparación; y aquellos que se encaminan hacia otras especialidades médicas, puedan aprender a utilizar de manera racional el arsenal diagnóstico que esta especialidad pone en sus manos.
La mejor recomendación que los autores podemos dar a los estudiantes, es que no se limiten solo a asimilar y a aplicar los conocimientos técnicos, sino que lo hagan con el espíritu de trabajar por y para el mejoramiento humano, dejando a un lado el interés personal, y que piensen ante todo en el bien común; que logren el adecuado balance entre el saber científico y el cumplimiento de las responsabilidades con el individuo y con la sociedad; que no sean nunca vendedores de servicios, sino promotores de salud, en especial entre los sectores menos favorecidos de la sociedad y en todo el mundo.
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