A modo de presentación de la obra: Estas son las primeras líneas a las que el lector de esta obra accederá y en ellas debería, aunque más no sea en gruesas pinceladas, saber de qué se trata el libro. Su título dice algo de ello: Manual de introducción al pensamiento científico. En un manual se abordan los aspectos fundamentales de una materia, pero a la vez se nos ofrece como un instrumento o herramienta con la cual poder emprender el estudio de determinado contenido teórico o práctico. Nos resulta atractiva esa dualidad: un conjunto de contenidos teóricos ordenados y, tentativamente, sistemáticos y, por lo tanto, interrelacionados entre sí y por otro, una herramienta para el lector para adentrarse en el mundo del pensamiento en general y del pensamiento científico jurídico en particular.
El manual es introductorio, por lo cual pretende ser un recorrido accesible a una materia para aquellos que no hayan tenido previo contacto con la misma, y así, se irá desde los desarrollos teóricos básicos sobre el conocimiento, pasando por los pensadores y teorías más importantes en torno a la evolución del conocimiento científico para terminar afincándose en nociones del lenguaje y de la investigación cercanos al campo de la ciencia jurídica. Introductorio al campo del pensamiento científico, pero no a todos sino a uno específico como el del Derecho, con sus particularidades y exigencias. No ha sido tarea fácil para quienes lo escribimos, pero tenemos la voluntad de que logre ser una pieza accesible para el lector.
El Manual ha nacido con la idea de ofrecer a los lectores un panorama amplio y abarcador para la materia Introducción al pensamiento científico que la nueva currícula de Abogacía ha incorporado como un módulo en el ciclo inicial de la carrera en el ámbito de nuestra querida Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata. Si aceptáramos la leyenda de que Lao Tse escribió Tao Te King o Daodejing o como quieran traducirlo y que en esa obra escribiera que El camino de mil millas comienza con un solo paso o como quieran adaptarlo, lo cierto es que podemos aceptar que los largos caminos como el de la carrera que se dedica al Derecho comienza con un paso, a veces pequeño, introductorio y ese paso algunas veces es hacia atrás, hacia el comienzo del comienzo.
El Manual y la materia en sí tienen un poco de aquello; es un pequeño paso introductorio al comienzo del comienzo. Un paso para entender cuanto de ciencia tiene el Derecho y, si es así, qué significa ello. Pero al asumir que se pueda hacer ciencia del Derecho también se está asumiendo de modo implícito la existencia de la ciencia y con ello la necesidad de diferenciarla de otros tipos de conocimientos. El camino aún sigue retrocediendo a fuerza de preguntas o cuestionamientos: si asumo que hay diferentes tipos de conocimiento, pues entonces asumo que hay conocimiento. Y entonces, ¿qué es ese conocimiento? ¿Cómo se exterioriza y se manifiesta en realidad? ¿De qué modo se ordena ese conocimiento, y de qué modo de determinado conocimiento pueden surgir otros nuevos? Y luego de ello: ¿es transmisible? Y de ser así ¿cómo podemos transmitirlo?
Las preguntas podrían continuar hacia el infinito, por lo pronto nos contentaremos a proponer algunas respuestas provisorias a esas preguntas en las páginas que siguen. Ahora aquí, y luego de intentar responder, aunque más no sea de modo introductorio y provisoriamente a esas preguntas (con el Manual en nuestras manos) nos preguntamos sobre la principal herramienta que encontramos para transmitir conocimiento y para comunicar en general: el lenguaje. Allí desarrollaremos nociones básicas sobre la inescindible relación entre las palabras y el pensamiento científico. Será este un capítulo de vital importancia en la obra, pues quizás sea uno de los mayores contactos que logremos con el mundo de lo jurídico. Estudiar Derecho, y el conocimiento sobre el mismo, es estudiar en gran medida la relación entre las palabras y el Derecho.
Esa relación entre Lenguaje y Derecho nos abre un mundo complejo que resulta indispensable para desandar la currícula de Abogacía por la que debemos comenzar. Aquí también nos permitimos avizorar vuestra sorpresa frente a varias de las respuestas que encontraremos respecto a nuestro lenguaje. En definitiva, el Manual intentará desarrollar los contenidos necesarios para advertir que el pensamiento científico es un particular tipo de pensamiento, que se diferencia de otros tipos de pensamientos por su pretensión de corrección, objetividad, racionalidad y sistematicidad, y además, por las exigencias de sus explicaciones y justificaciones..
Hasta aquí nuestra humilde introducción a una Introducción Valga nuestro intento para invitarlos a entrar en el apasionante mundo de la ciencia y, particularmente, de la ciencia jurídica, a la que si algo la caracteriza es o debería serlo- el planteo de dudas y la búsqueda contínua e incesante de axiomas, principios y reglas, de las que podemos extraer algunas certezas provisorias que muchas veces no llegan a conformarnos. Por último, haremos un pedido final a nuestros lectores: nos gustaría que al terminar de leer nuestro libro, nuevamente leyeran esta presentación para verificar que muchas veces las introducciones pueden ser corolario de muchas cosas.
