Los suelos son consecuencia de la descomposición física y química de las rocas. Los suelos se generan por la meteorización de las rocas y son removidos por la erosión. La meteorización puede ser mecánica (efectos climáticos, exfoliación, erosión por viento y lluvia, abrasión, actividad orgánica, etc.) y química (oxidación, solución, lixiviación, hidrólisis, etc.). Según cual sea el origen de sus elementos, los suelos se dividen en dos grandes grupos: suelos cuyo origen se debe, esencialmente al resultado de la descomposición física y química de las rocas, y suelos cuyo origen es esencialmente orgánico.
Si los productos de la descomposición de las rocas se encuentran aún en el mismo lugar de origen, constituyen un suelo residual; en caso contrario, forman un suelo transportado, cualquiera sea el agente de transporte. Adicionalmente se considera a los suelos de origen geológico secundario. En el Cuadro 1, se presenta la clasificación y algunas características de los suelos según su origen. Suelos Residuales Son suelos formados en su ubicación actual a través de la meteorización de la roca madre (o basal). Generalmente estos suelos son verdaderos residuos de la roca original; todos los materiales solubles han sido lixiviados por la continua infiltración de agua. Naturalmente, la desintegración química disminuye al aumentar la profundidad; la alteración de la roca original se vuelve gradualmente menor hasta que finalmente alcanza la roca inalterada. Algunos suelos residuales son arenosos, pero las arcillas residuales son más comunes que las arenas.
