Aparece un nuevo libro sobre Microbiología, que es continuación de una línea ya comenzada en el año 1995 con una primera edición. No es un texto cualquiera; es uno que acaba de entrar en el grupo de los excelentes, entre aquellos libros que no sólo serán colocados en las anaqueles de nuestra biblioteca, sino que pertenecerán al grupo de libros que manejamos día a día. Es uno que debería estar en la hornacina de nuestro saber y entender. Este libro perfila claramente el conocimiento microbiológico, pergeñando de una manera sencilla las diferentes clasificaciones y cuadros clínicos que ayudan, no sólo al profesional del laboratorio, sino también al clínico que utiliza aquellos saberes para su aplicación terapéutica.
Después de pasear por sus páginas y diferentes capítulos, ha quedado el rescoldo científico en mi mente, columbrando el inmenso esfuerzo del autor y los que con él han colaborado. Cada capítulo se encuentra ribeteado de importantes aplicaciones clínicas, pues desde la parte primera, donde se presenta el concepto general sobre la microbiología y su evolución histórica, hasta la microbiología periodontal y periimplantaria, la de los procesos endodónticos y las infecciones locales y sus repercusiones generales, se recoge un cúmulo de datos y pormenores que es como un paseo por una arboleda científica.
La sección segunda, dedicada a la Microbiología general y a la respuesta del hospedador ante la infección, desarrolla el estudio de las bacterias, analizando su envoltura, apéndices, elementos internos, nutrición, metabolismo, crecimiento, medios de cultivo, genética, biología molecular, etc. Especial interés tiene la parte dedicada a los antibióticos y a la relación hospedador-bacteria con sus implicaciones inmunológicas, de tanta actualidad. Continúa el texto con la parte general dedicada a los virus, hongos y parásitos. Sigue una parte importante de diagnóstico en el laboratorio y medidas de esterilización, poniendo especial énfasis en el control del riesgo de infección.
Los anaerobios ocupan una parte importante del texto, así como las espiroquetas y los diferentes virus. La microbiología ocupa suficiente desarrollo, así como la parasitología. A partir de ese momento se entra de lleno en la placa bacteriana, protagonista en estomatología de gran cantidad de problemas, como la caries, las periodontitis, las infecciones a distancia, etc., que son tratadas con todo lujo de detalles y de forma magistral. No se ha dejado al albur ningún detalle ni concepto microbiológico, siguiendo un esquema de aplicación clínica desde las primeras páginas.
El autor ha demostrado una gran clarividencia al desarrollar los diferentes capítulos del libro. Con ímprobo esfuerzo en su exposición, ha sabido desbrozar lo fútil de lo principal; ha extendido de manera ubérrima su experiencia, dejando de lado las bagatelas científicas y centrando cada tema en lo esencial. La pátina que da la experiencia y la reflexión ha sabido aplicarla, no sólo en cómo lo dice en el libro, sino también en lo que dice y en quién lo dice. Esto sólo es el fruto de los privilegiados que saben aunar esfuerzo y trabajo, inteligencia y sagacidad, así como un conocimiento mirífico que reverbera con la madurez.
En suma, es éste un libro que hace que las horas pasen deprisa en una sinfonía de lectura agradable, y cuyo paseo es una fresca pléyade de conocimientos y conceptos. Auguro un éxito total a este libro y aconsejo a los estudiosos lo tengan cerca de su lugar de trabajo. Es seguro que lo abrirán muchas veces y nunca se arrepentirán de cuantas veces lo hicieran.
El libro de Microbiología Oral ve su segunda edición con un planteamiento muy diferente con respecto a la primera. Tanto es así que en realidad se trata de un texto totalmente nuevo. Se han modificado su estructura y sus contenidos, intentando adaptarlo mejor a los planes de estudios que, al menos en España, han sufrido en estos últimos años un cambio sustancial para seguir las directrices de la Comunidad Económica Europea. Por otra parte, han participado profesionales que anteriormente no lo hicieron y que prestan su actividad académica en facultades de Odontología, Medicina y Farmacia y escuelas universitarias de Enfermería.
Esto ha sido así porque, si bien es un texto pensado principalmente para alumnos de odontología, odontólogos y estomatólogos, una buena parte de sus contenidos pueden ser útiles a otros alumnos, docentes y profesionales. No es ciertamente un libro para especialistas en Microbiología, sino un texto básico en el que se han obviado aspectos puntuales que pudieran ser materia de discusión, dándole por el contrario prioridad a conocimientos plenamente asentados. Además, casi todos los capítulos han sido redactados simultáneamente por profesores pertenecientes a diferentes universidades tanto españolas como iberoamericanas y muchos de ellos con la colaboración conjunta de microbiólogos y clínicos.
Creo que de esta forma se le da al texto un carácter multidisciplinar y una visión pedagógica más amplia al haberse contrastado opiniones y experiencias diferentes. Quisiera expresar mi agradecimiento a los autores que hicieron posible la primera edición, y que abrieron la puerta para esta nueva. Pero mi agradecimiento tiene que estar especialmente dirigido a los que han colaborado en este nuevo proyecto. Ha sido un conjunto humano admirable que, con las lógicas discrepancias, ha constituido un grupo afín en ideas y metas.
Españoles e iberoamericanos unidos en una tarea común que, más que por mí, por mis compañeros, espero que su esfuerzo se vea recompensado y esta colaboración pueda continuar en el futuro. Si no hubiese sido por las facilidades de los setenta autores que han participado, algunos de ellos, mis queridos hermanos de más allá del océano, a más de mil kilómetros de distancia, este libro seguiría en mi mente y no plasmado en las páginas que siguen. Gracias a mi admirado profesor Antonio Bascones Martínez, Catedrático de la Facultad de Odontología de la Universidad Complutense de Madrid, gran docente y profesional excepcional, al que a título personal tanto debo, por haber tenido la amabilidad de escribir la presentación del libro. Mención especial tengo que hacer de dos personas que me han prestado su apoyo en todo momento: los profesores José Pontón San Emeterio, que tantos capítulos ha coordinado, y Ana Mª Castillo Pérez, por su inestimable e importantísima colaboración a lo largo de un año en multitud de aspectos. Gracias a mi compañero de la Facultad de Odontología de Rosario (Argentina), profesor Norberto Óscar Arancegui, por su amistad y apoyo incondicional.
Gracias a Juan Carlos Blanco Tejada y Natalia Chueca Porcuna, que pacientemente hicieron los dibujos y esquemas. Tampoco puedo olvidar a mi hijo José Mª, por sus múltiples sugerencias, a Marisa Vílchez López, que mecanografió y corrigió el manuscrito original siempre con la amabilidad que le caracteriza, a Marisa Álvarez Rodríguez de la editorial Interamericana, mujer de gran profesionalidad, que de nuevo volvió a confiar en mi persona, y a Nuria Fernández, de la misma editorial. Gracias a mi familia, que soportó meses y meses sin recibir la atención que les debo. Igualmente gracias a esos otros colaboradores, más anónimos que los autores, y que merecen mi más sincero reconocimiento.
Finalmente, gracias a los lectores que de hecho, en definitiva, serán los jueces de la obra; que sepan excusar las más que posibles erratas y que tengan la seguridad de que están ahí no por falta de atención, sino que, como burlones duendecillos, han esquivado la lupa correctora de este coordinador; mis disculpas por ellas. Para terminar, un recuerdo emocionado a dos personas que ya no están entre nosotros: al maestro de tantas generaciones que hizo la presentación de la primera edición, mi querido Don Gonzalo Piédrola Gil, y a ese amigo que se fue silenciosamente en plenitud de la vida, el profesor Don José María Peco Malagón. Me permito la licencia de pedirles que, allá donde estén, lean también este libro y me perdonen los múltiples fallos en los que haya podido incurrir.
