La educación es una tarea impuesta a la libertad humana para realizar un modelo de hombre y de sociedad, presente en la conciencia colectiva y deseado en la medida en que representa los ideales del conjunto comunitario. La tarea educativa supone el libre albedrío, es decir, la capacidad de aceptar o rechazar el modelo propuesto, de desarrollarse en los canales elegidos e incluso de cambiar el rumbo y el sentido de sus propios objetivos. La labor formativa contiene siempre un cúmulo de esperanzas y, también, una porción de incógnitas y riesgos. Es un desafío a la condición esencial del hombre con relación al ser o no ser, y a los deberes y compromisos que se hace necesario asumir para alcanzar la realización personal y la plenitud humana.
En la actualidad, la educación entra cada vez más por la senda de las ciencias sujetas a la precisión de conceptos, a la experimentación, a la planificación y a las previsiones. Las ciencias del comportamiento humano aportan hechos y teorías que obligan a los agentes de la tarea pedagógica a manejarse, en su propio ámbito, con las técnicas y los recursos que les brindan los métodos experimentales, en función de criterios de rendimiento y eficiencia. Ya no podemos concebir el proceso educativo como fruto de la intuición, de la improvisación o de la inspiración artística, aunque también sea un arte. Hoy debemos considerarlo definitivamente comprometido con la experimentación e investigación de las ciencias positivas que indagan en el plano de la dinámica de la conducta humana. Esta tarea de conceptualización científica, de precisión y de sistematización estructurada está invadiendo todas las manifestaciones del proceso de la formación humana, tanto en el dominio de los medios como en el de los fines, ya sean generales o específicos.
La sensación de dificultad en la determinación de los objetivos de la educación y de las concretas experiencias de aprendizaje para alcanzarlos es lo que resalta en este libro, fruto de un trabajo en común y de muchos años de decantación, conformación y adaptación al contexto real de las ciencias. Los autores son conscientes de que han logrado concretar solo el comienzo de una tarea con proyecciones mayores, e instan a continuar investigaciones que permitan completar e integrar la taxonomía en todas sus posibilidades.
La nueva tarea que se han impuesto las ciencias de la educación no significa desconocer los aportes positivos logrados en siglos anteriores, sino que, por el contrario, es una continuación en profundidad de lo que la sabiduría de filósofos y educadores nos viene transmitiendo desde antaño. Todos los grandes pedagogos han señalado que la educación es una tarea de paciencia, un proceso lento, continuo y sistemático de adquisición de conoci mientos, de incorporación de hábitos, de aprendizaje de habilidades y destrezas e internalización de pautas de conducta, asimilados momento a momento y día tras día. No existe un camino fácilmente transitable hacia el resultado final. La dificultad es lo que convierte a la función educativa en un desafío a la capacidad creadora y a la auténtica vocación profesional del docente. De aquí que la misión pedagógica no pueda ser asumida sino por los verdaderos maestros, los que además del título deben aportar voluntad e idoneidad para cumplir su cometido.
