Yo no puedo dormir boca arriba, o más bien no me atrevo. En esa posición a menudo caigo en un estado de fuga disociativa en el que mi mente despierta de un sueño, pero mi cuerpo permanece inmóvil. En este limbo puedo percibir las cosas que suceden a mi alrededor, como la luz del sol que se filtra a través de las cortinas, los peatones que caminan en la calle, la cobija que me cubre los pies. Pero cuando le ordeno a mi cuerpo que bostece y se estire para incorporarme a la vida diaria, no sucede nada. Repito la orden, ¡Muévete!, pero el mensaje resuena sin tener efecto alguno. Lucho, peleo, me esfuerzo por mover un dedo del pie o por flexionar una fosa nasal sin éxito alguno.
Es como podría sentirse uno si reencarnara en estatua. Es lo opuesto a ser sonámbulo: es una parálisis del sueño. La peor parte es el pánico. Al estar despierto, mi mente espera que mis pulmones aspiren profundamente y con fuerza, que mi garganta se expanda y que mi esternón aumente unos buenos 15 cm. Pero mi cuerpo, aún dormido fisiológicamente, apenas toma unos sorbos de aire.
Poco a poco siento que me sofoco, y el pánico empieza a recrudecerse en mi pecho. Incluso ahora, al escribir esto, puedo sentir que se me cierra la garganta. Por terrible que esto pueda parecer, algunas personas que padecen parálisis del sueño la pasan peor. Mis episodios no duran mucho; si concentro toda mi energía de manera similar a un maestro zen en mover nerviosamente el meñique derecho, casi siempre puedo interrumpir el trance en pocos minutos. Los episodios de algunas personas se alargan durante horas, noches enteras de tortura. Un veterano de la guerra de Corea expresó que sentía más terror durante un solo episodio de parálisis de sueño que el que había sentido durante sus 13 meses de combate.
Otras personas se quedan dormidas a causa de la narcolepsia y caen en este estado durante el día. En Inglaterra, una pobre mujer tres veces fue declarada muerta, y en una de esas ocasiones se despertó en la morgue. Incluso otras personas tienen experiencias fuera del cuerpo y sienten que sus espíritus divagan por la habitación. Los más infelices perciben una presencia maligna una bruja, un demonio o un íncubo presionándoles el cuello, asfixiándolos. (El término mare de nightmare [pesadilla en inglés] hace referencia a una bruja que disfruta poniéndose en cuclillas sobre el pecho de la gente).
