Descripción
El adolescente no solo crece hacia fuera, sino, sobre todo, lo hace hacia dentro. Ha descubierto un yo y ese descubrimiento va a marcar todo su actuar en los próximos años. A partir de ahora su vida se convierte en un viaje de exploración al centro de sí mismo. Por eso se pone a prueba y nos pone a prueba, porque está investigando las entrañas de su intimidad que acaba de emerger dentro de sí. Además, ese yo soy muy exigente, requiere de toda su atención: si no lo cuida y lo alimenta, corre el riesgo de morir.
No extraña, por tanto, que los adolescentes sean egocéntricos, no les queda otro remedio, lo son por pura supervivencia. En esta etapa, deben conjugar dos acciones que muchas veces resulta difícil conciliar: conocerse y construirse a sí mismos, lo que implica estar siempre pendientes de ese yo que a la vez que se descubre se construye. Se comprende también que las frases que surgen alrededor de ese gran protagonista estén cargadas de cierto pesimismo, el pesimismo que genera la duda, la inseguridad, la soledad, el miedo a lo desconocido. Por el mismo motivo, son frases tremendistas, que toman la parte por el todo, que convierten cualquier circunstancia en asunto de vida o muerte, que ponen en tela de juicio la propia existencia.
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