Los hombres inteligentes y sobresalientes, sin lugar a dudas, siempre han tenido una clara fascinación por encontrar en la diversidad una oportunidad y por evitar marchar por el mismo camino que la costumbre, tantas veces probada, seduce a continuar.
La innovación, la invención y los innovadores, han siempre requerida paciencia para ser aceptados, como así también, paciencia para confrontar las adversidades que les procuran las dificultades emergentes. Ejemplos como los de Steve Jobs, Henry Ford, Antonio Meucci y Thomas Edison, son solo algunos de los que se mencionan en este libro.
Lamentablemente, o para bien de la humanidad, ellos fueron una excepción. Es difícil encontrar, entre tantos siglos de historia, personas que hayan tenido esa genialidad única de quebrar paradigmas y, a la vez, construir una nueva realidad. La mayoría de pensadores no han sido ungidos con el talento conjunto de reflexionar y construir, como un proceso continuo.
Sin embargo, el pensamiento abstracto posee, en la que quizás sea su mayor virtud, una de sus debilidades más notables: la carencia del juicio de la realidad. Solo a partir del contraste, del choque con la realidad, el pensamiento puede ser perfeccionado.
Es allí donde, sin dudas, surge la habilidad de aquellos que logran componer de una manera magistral procesos, métodos y sistemas a partir de la abstracción. Asombran ofreciendo a esa inquietud artística, a veces vacilante y dubitativa, una precisión única en la transferencia de nuevos conocimientos al mundo de las personas de los hechos. Es entonces insoslayable entender qué cómo construir
, es el alma que ofrece vida a la maravillosa posibilidad de hacer del conocimiento un cimiento firme de resultados extraordinarios.
