La neuropsicología cognitiva es el foco de este texto, donde la Profesora María Jesús Benedet perfila, para una audiencia de habla hispana, la disciplina, sus métodos y sus principales hallazgos. Un prólogo para una obra de esta índole debe plantear preguntas fundamentales como: «¿Qué es la neuropsicología cognitiva?» o «¿En qué se diferencian sus características distintivas de las de otros acercamientos a las relaciones cerebro/conducta?»

Raíces Históricas de la Relación Cerebro-Conducta

La conexión entre el cerebro y la conducta no es un descubrimiento reciente. Los egipcios ya la conocían, como lo demuestra el Papiro quirúrgico de Edwin Smith (datado alrededor del 1700 a.C.), que describe alteraciones del lenguaje causadas por una lesión cerebral debida a un traumatismo craneoencefálico.

Más de un milenio después, el corpus Hipocrático (ca. 425 a.C.) situó todas las funciones mentales en el cerebro. La famosa cita establece que:

«Algo que debería ser conocido por todos es que la fuente de nuestro placer, nuestro contento, nuestra risa y nuestro divertimento, lo mismo que nuestra pena, nuestro dolor y nuestras lágrimas, no son sino manifestaciones de nuestro cerebro. Especialmente éste es el órgano que nos permite pensar, ver y oír, y diferenciar lo feo de lo hermoso, lo malo de lo bueno, lo placentero de lo desagradable… El cerebro es también la sede de la locura y del delirio, de los temores y los sustos que nos asaltan, con frecuencia por la noche, pero, a veces, incluso durante el día, en él reside la causa del insomnio, del sonambulismo, de los pensamientos que se nos van, de las obligaciones olvidadas y de las excentricidades.»

No obstante, pasaron dos milenios más antes de que se descubrieran relaciones más fiables entre el daño en un punto específico del cerebro y la naturaleza del déficit mental resultante («afasia, agnosia, amnesia, apraxia…»). Esta primera edad de oro de la neuropsicología («de 1861 a 1919»), asociada a figuras como Broca, Wernicke, Charcot, Jackson y Goldstein, fue contemporánea con las contribuciones de Santiago Ramón y Cajal (1852-1934), que sentaron las bases de la neuroanatomía moderna.


El Desafío de la Cognición y la Necesidad de Modelos Psicológicos

A pesar del creciente conocimiento sobre la forma y las conexiones de las células nerviosas, la comprensión de las funciones cognitivas subyacentes no avanzó al mismo ritmo. Para investigar la neurología del lenguaje o la memoria, necesitamos una explicación válida de la naturaleza de esas funciones mentales.

Por ejemplo, respecto al lenguaje, surgen preguntas sobre la descripción más idónea de la fonología, morfología, sintaxis y semántica, y cómo el hablante/oyente sano despliega estas representaciones. Con la memoria, nos preguntamos cuántos tipos diferentes puede distinguir una teoría psicológica («memoria a corto plazo frente a memoria a largo plazo», «memoria de los eventos pasados frente a ‘memoria’ de lo que tenemos que hacer en el futuro…»), o sobre la eficiencia de estos «almacenes» y la mejor manera de recuperar la información.

Antes de poder investigar cómo se ejecutan físicamente en el cerebro los componentes de la cognición (y sus interacciones), es crucial contar con explicaciones plausibles y respaldadas empíricamente sobre la organización psicológica de las funciones cognitivas. Como señaló Lev Vygotsky, muchas investigaciones sobre la localización de funciones cognitivas fracasaron por «la ausencia de un análisis psicológico estructural de las funciones que intentaban localizar».


El Renacimiento de la Neuropsicología Cognitiva

El renacimiento de la psicología cognitiva en los años sesenta marcó el camino. La caída del conductismo, el auge de la gramática transformacional y la inspiración de la teoría de la información y la ciencia computacional revitalizaron el interés por la «mente». Los psicólogos experimentales se dedicaron a proponer y evaluar modelos cognitivos capaces de realizar las «computaciones mentales» requeridas por las tareas.

La neuropsicología cognitiva experimentó su propio renacimiento entre los sesenta y setenta, impulsada por estos mismos factores. Su objetivo principal es integrar la neuropsicología clínica (la descripción científica de los déficits por patología cerebral) y la psicología cognitiva normal (la validación empírica de modelos de funciones mentales complejas).