Cuando Eudeba me invitó a participar en su colección Ciencia Joven con un libro que definiera la estructura y propiedades de los vidrios, me solicitó que el texto no superara los 200.000 caracteres. Debo confesar que, si bien esta cifra puede resultar impresionante e intimidante, no fue muy difícil desplegar tal cantidad de unidades de escritura sobre el papel. Mucho más arduo fue ordenarlos de manera que el resultado final fuese este libro.

Seguramente usted, lector, tendrá ya una idea formada sobre qué es un vidrio, dado que nuestra vida está ligada a estos materiales presentes en copas, ventanas, adornos, etc. y que han sido producidos por el hombre desde hace milenios. Pero difícilmente el lector no especializado pueda diferenciar una copa de vidrio común de una de cristal, a no ser por el precio o por la sutil diferencia en el sonido que producen al ser golpeadas.

Es también probable que ignore que los vidrios que integran nuestro entorno o que están formados por aluminosilicatos son sólo una parte de los numerosos tipos de vidrios presentes en la naturaleza o creados por el hombre con diversos fines, desde caramelos hasta narices de naves espaciales.