Sexualidad Humana – Spencer A. Rathus, Jeffrey S. Nevid, Lois Fichner-Rathus – 6ta Edición

Sexualidad Humana

Por: / Jeffrey S. Nevid / Lois Fichner-Rathus

  • ISBN-10: 8420545244
  • Edición: 6ta Edición
  • Subtema: Medicina General
  • Archivo: eBook
  • Idioma: eBook en Español

Descripción

Este nuevo manual sobre Sexualidad humana es la traducción de la sexta edición, actualizada para 2005. Pero es también bastante más, porque incluye aportaciones de autores españoles relevantes sobre diferentes cuestiones de actualidad. Con estas aportaciones pretendemos acercar los problemas planteados a la realidad española. Del manual original se han suprimido algunos capítulos, aquellos cuyas aportaciones pueden encontrarse de forma fácil en otros manuales y en otras especialidades; por ejemplo, el dedicado a metodología de investigación. Por lo demás, este manual abarca todos los temas sexológicos fundamentales. Los presenta, además, de forma muy bien organizada y estructurada, como puede comprobarse en el índice. Entre sus muchas virtudes, destaco su actualización, la fundamentación de sus contenidos, la forma sencilla y clara de exposición y la continua provocación al estudiante o lector para que piense por sí mismo.

Especialmente interesante es la combinación de conocimientos científicos con las discusiones más actuales, en relación a numerosos temas sobre sexualidad, sobrepasando así lo que suele ser un manual académico al uso. Los contenidos y la forma de tratarlos tienen en cuenta la enorme diversidad que admite la sexualidad humana, quedando claro que no hay una sola forma de vivir la sexualidad. El manual, en este sentido, es un «canto a la diversidad». Canto a la diversidad que venimos reflejando en nuestras últimas publicaciones sobre sexualidad, insistiendo en que lo que ha humanizado la sexualidad es que ésta ha superado el «reino de la necesidad» y ha pasado a pertenecer al «reino de la libertad». En efecto, la sexualidad animal pertenece al reino de la necesidad.

Los animales están preprogramados, son instintivos, de forma que no pueden decidir sobre su sexualidad: su cerebro y sus hormonas regulan su instinto sexual y sus conductas sexuales. Las hembras de las diferentes especies animales no deciden cuándo quieren aparearse, simplemente siguen los impulsos sexuales regulados por los estros y otros estímulos. Si están en celo, buscan desesperadamente a un macho. Si se ha acabado el celo, no aceptan aparearse. Los machos de estas especies están siempre disponibles para la actividad sexual, salvo agotamiento, enfermedad o vejez: no pueden decir «no» a una oportunidad de aparearse.

Por eso, puede decirse que en todas estas especies la sexualidad es un instinto preprogramado orientado a la procreación. La sexualidad humana ha dado un salto cualitativo —aunque no sepamos con precisión cuándo y cómo sucedió— que la ha humanizado y le ha dado una dimensión completamente diferente: es el «Reino de la Libertad». Las mujeres pueden, y deben, tomar decisiones sobre su sexualidad, haciendo a ésta sujeto de libertad y, por tanto, de responsabilidad. Las mujeres pueden desear y sentir placer… en cualquier momento de su ciclo menstrual, pueda o no haber embarazo. Las mujeres se pueden sentir motivadas por la actividad sexual después de la menopausia, cuando no puede haber procreación. Es decir, la actividad sexual para la mujer no es una «necesidad instintiva» preprogramada que se le impone contra su voluntad, sino un deseo sentido sobre el cual puede y debe tomar decisiones. De esta forma, aunque en determinados momentos de su vida la mujer puede decidir tener hijos, la procreación es una posibilidad, no una consecuencia inevitable.

La mujer puede y debe tomar con responsabilidad esta decisión, y no abandonarse a la supuesta voluntad de Dios o de la Naturaleza. La sexualidad humana tiene otras muchas motivaciones y posibilidades: búsqueda de placer (la actividad sexual está premiada por la naturaleza con un fuerte sentimiento de placer), encuentro interpersonal donde la ternura, la empatía, la comunicación y todo tipo de afectos pueden entrar en juego. Por lo que hace relación al varón, es necesario insistir en que también puede y debe tomar decisiones libres y responsables. No es un macho preprogramado, siempre disponible y sin posibilidad de autocontrolar su deseo y conducta sexual. Puede y debe tomar decisiones que humanicen su sexualidad, respeten la voluntad de la mujer y le permitan disfrutar de las diferentes posibilidades sexuales.

Como se trata de una dimensión humana que pertenece al reino de la libertad, se hace imprescindible que las relaciones sexuales tengan como referencia responsable una ética de las relaciones amorosas, otra de las ideas en la que venimos insistiendo en los últimos años. Tocar a otra persona, besar, abrazar, acariciar, intimar, realizar el coito, etc., implican que debemos sentirnos concernidos por el bienestar de esa persona. Es verdad que, desde el punto de vista profesional, no podemos aceptar que la sexualidad deba ser reducida (por razones supuestamente morales) al matrimonio heterosexual y para tener hijos; pero no es menor el error de considerar la actividad sexual como un asunto individual, sobre el cual no se pueden supuestamente plantear principios éticos.

La idea tan repetida «si te apetece, hazlo» o la paralela «busca tu placer, lo demás es su problema» no tienen la mínima consistencia humana. La libertad siempre implica la ética, aunque no se trate necesariamente de una ética religiosa. Mi libertad supone la libertad del otro, mis derechos los derechos del otro, mi bienestar el bienestar del otro: no estamos solos. Los seres humanos somos capaces de atribuirnos dignidad, no querer ser tratados como objetos y, por tanto, debemos respetar a los demás y no instrumentalizarlos tratándolos como cosas. Los principios éticos a que nos referimos pueden ser compartidos por todos, creyentes y no creyentes.

Entre ellos, a modo de ejemplo, destacamos: — La ética del consenso. Debemos decir «no» a los delitos contra la libertad sexual: abusos de menores, acoso sexual, coerción y violación sexual. Los dos participantes tienen que querer y ser libres para tomar esta decisión. — La ética del placer compartido. Buscar el propio placer es legítimo y aconsejable, pero puede y debe ser compatible con el intento de satisfacer a la otra persona: «Tu placer me concierne, me motiva, lo busco, lo procuro», «Nuestro placer compartido nos hace más humanos y a la actividad sexual más gozosa». — La ética de la salud sexual y reproductiva. Prevención de riesgos y toma de decisiones responsables sobre la descendencia. — La ética de la igualdad, de forma que hombres y mujeres tengan los mismos derechos, se aprecien, se traten con dignidad y equidad, se cuiden y se quieran. Esta sexualidad humana «libre y ética» tiene, además, otras muchas características antropológicas específicas.

Veamos algunas, que sirvan de ejemplo a este canto que queremos hacer sobre las posibilidades de la sexualidad humana: En primer lugar, los seres humanos nos hemos puesto de pie, somos bípedos, lo que ha permitido un desarrollo especial de los brazos, las manos y los dedos. Con ellos podemos abrazar, agarrar, acariciar, tocar, ayudar, expresar emociones, consolar, dar placer, etc. Los brazos articulados, con manos prensiles, dedos articulados y que acaban en «yemas» (almohadillas suaves), hacen de estas extremidades superiores una de las partes más humanas. Para criar a los niños, abrazar al amante, consolar a quien sufre…, los brazos son fundamentales. Las posibilidades sexuales de los brazos, las manos y los dedos son tan infinitas como la imaginación humana, y lo son en todas las edades (también en niños y niñas, viejos y viejas) y en las personas con discapacidad. Los genitales no son los únicos participantes en la sexualidad.

Todo nuestro cuerpo está sexuado. No tenemos sexualidad, somos sexuados. Nuestro cuerpo es un mapa casi enteramente desnudo. Con una geología sexual interna (anatomía, fisiología, endocrinología, neurología sexuales) y una piel, en torno a dos metros cuadrados de piel, a la que llegan millones de receptores-emisores que nos permiten comunicarnos sexual-erótico-afectivamente. Un mapa en el que solemos contemplar una capital (los genitales) y unas zonas privilegiadas (las zonas erógenas); pero se trata de un mapa siempre personalizado, de forma que cada uno puede dar significados diferentes y usos diferentes a cada zona. Por eso haremos bien en comunicar y preguntar por la posible capitalidad de nuestra pareja sexual, así como por sus zonas turísticas privilegiadas, sabiendo que lo importante es explorar disfrutando, dejarse explorar, hacerse guiar, hablarse con sinceridad y atrevimiento. Finalmente, se trata de saber que somos diversos, que los gustos sexuales pueden ser distintos y que lo decisivo es conocerse y disfrutarse, sin limitarse a supuestas capitalidades o zonas, que cada cual debe reconocer y apreciar en cada caso.

Los seres humanos tenemos una clara tendencia a vis a vis: a mirarnos, hablarnos, comunicarnos. Esto viene facilitado por una antropología muy adaptada a las conductas frontales: amamantamos frontalmente, comemos frente al otro, nos miramos, nos expresamos, nos amamos… Nuestra pelvis ha basculado hacia adelante y permite la penetración de frente, echado o de pie o de lado, etc., facilitada también por la longitud del pene. Las posturas sexuales pueden ser muchas y muy diversas (disfrutad como queráis sin meter un evaluador en la cama); pero antes, mientras tanto y después, la relación vis a vis tiene sentido y es muy humana: «Quiero saber lo que deseas, lo que sientes, cómo te lo pasas, como disfrutas, como estás». Los seres humanos tenemos una gran capacidad de comunicación. Hablamos y tenemos una comunicación gestual que nos permite conocernos, autorrevelarnos al otro, intimar. Podemos conocernos, compartir emociones y elaborar un mundo de significados compartidos; esto es la intimidad. Esto hace que la sexualidad humana pueda avanzar en relaciones enriquecidas con la intimidad y los afectos.

Prólogo a la edición española
1 ¿Qué es la sexualidad humana?
2 Anatomía y fisiología sexual femenina
4 La excitación y la respuesta sexual
5 Identidad sexual y roles de género
6 Atracción y amor, fuerzas vinculantes
7 Relaciones y comunicación
8 Técnicas sexuales y patrones de conducta
9 La orientación sexual
10 La sexualidad en la niñez y en la adolescencia
11 La sexualidad en la edad madura
12 Disfunciones sexuales
13 Variaciones sexuales atípicas
14 La coacción sexual
15 El mundo del «sexo comercial»
Apéndice Formación de especialistas en sexología en España y Latinoamérica
Bibliografía
Créditos de fotografías e imágenes

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